El Cuaderno – La Casa junto a la Carretera (relato corto).

La Casa junto a la Carretera.

Siempre me llamó la atención lo vividos que son mis sueños.  Al apagar las luces he irme a dormir mi memoria se ilumina con las mas abstractas y estrafalarias ocurrencias. En mas de una ocasión llegué a dudar si realmente estaba soñando, supongo que los jóvenes tenemos la imaginación mas vivaz y suspicaz de lo que en realidad podemos controlar.

Una vez soñé que me perdía en una mina abandonada junto a cinco personas mas y se sintió tan real que casi me quedo sin aliento por la escasa cantidad de oxigeno que esperarías encontrar en un lugar así, cuando ya no podía respirar desperté de golpe en mi cama y me dije a mi mismo «ah que alivio vaya sueño». Definitivamente la mente es un arma de doble filo, quizás el mayor don y la peor maldición de la humanidad

En otra oportunidad soñé que era una temeraria mujer en medio de un gran campo de batalla que se extendía a kilómetros, me arrastraba por el sueño con rifle en mano, los disparos resonaban a lo lejos junto con los gritos, las explosiones y los escombros que se desprendían de los muros corroídos por la metralla de los tanques, me escabullí por una pequeña trinchera hasta el objetivo enemigo, apunté mi arma y cuando me decidí en accionar el gatillo escuché un sonido seco, luego mi vista se nublo y luego vi una brillante luz.  Desperté al día siguiente con un inmenso dolor de cabeza, recuerdo que no fui a la escuela ese día y estuve todo el rato en cama.

Aunque de todos mis sueños ninguno se compara con aquella extraña casita al lado del camino. Quien diría que razón no le faltaba a quien decía que «Los sueños pueden ser tan poderosos que se hacen realidad». La noche que concebí dicho sueño fue una muy lluviosa, recuerdo que me fui a la cama muy tarde, cuando toqué la almohada la caída a los brazos de Morféo fue casi inmediata allí fue donde la vi por primera vez.

Me encontraba yo sentado en el puesto trasero del auto de mi padre, mi hermana y mi hermano dormían, yo miraba por la ventana y tarareaba las canciones que mi padre tenia en su reproductor, el viaje seguro era largo porque sentía que estaba aburrido a pesar de ser solo un sueño. El paisaje me resultaba muy monótono, montaña tras montaña con unos pocos arboles y vegetación pero de improviso algo captó mi atención. Junto en la falda de una colina se hallaba una casita, seguro fue muy hermosa hace mucho tiempo, el techo era de madera y aun estaba bien conservado, la puerta de la entrada era una obra digna del mas diestro de los artesanos, los muros estaban algo derruidos por el paso del tiempo, y el jardín del pórtico hecho un cementerio de maleza, en la parte superior se alzaba un gran ventanal de cristales oscuros con un hermoso balcón.

El tiempo parecía haberse detenido unos instantes, como si el sueño se hubiera puesto en pausa, yo admiraba aquella singular construcción desde la ventana de un automóvil pero había algo de aquel extraño lugar que me perturbaba, como si unos extraños ojos estuvieran vigilando, sentía que alguien en su interior estaba clamando por algo o alguien, sentía como si esa casa supiera que a la lejanía en la carretera había alguien apreciando su arquitectura. De pronto escuché un grito, aterrador, infantil, como si de una niña se tratase, luego desperté de golpe, fue una sensación muy extraña.

Ese mismo día mis padres y mis hermanos teníamos un viaje planeado de vacaciones, no recuerdo a donde era solo que era lejos, en otra ciudad muy lejana, era un viaje largo y yo como siempre me adueñé de la ventana derecha del asiento trasero, mi lugar de costumbre en los viajes. Aquel día el viaje se perpetuó mas de lo normal, mi padre escuchaba su música de carretera que tanto le gustaba, mi madre hablaba por celular y mi hermana y hermano dormían justo al lado de mí. Yo miraba por la ventana mientras tatareaba la música del reproductor de mi padre, allí fue cuando la vi, por un momento pensé que aun seguía soñando pero no, estaba justo ante mis ojos, parada indemne y solitaria al lado del camino, en las faldas de una pequeña colina, la casa con la que soñé, una extraña sensación corrió por mi espina, la sensación de que alguien dentro de esas paredes me observaba.

Unos días después en la prensa se descubrió que un hombre malvado se ocultaba en aquella morada, un hombre que escondía las evidencias de sus imperdonables fechorías dentro de las paredes de aquel lugar y que aquellos gritos que me despertaron de mi sueño, fueron el ultimo aliento de su ultima victima. Desde ese día tengo numerosos problemas para dormir y decido despertar de golpe antes de ver la luz, o escuchar un grito.

El Ayuntamiento de Santander ha declarado en ruina una casa abandonada ubicada en el número 94 de Camarreal, en Peñacastillo..fuente


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